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Pasajeros a
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‘El placer’: Nuevos buques y rutas
para un mercado viajero en alza
Según la Asociación Internacional de Líneas de Cruceros (Clia), que
ha bautizado 2005 como el año de las vacaciones en el mar, el número
de cruceristas en todo el mundo alcanzó en 2004 la cifra de 10.6
millones --un 11 por ciento más que en el año anterior. Y las
compañías navieras han visto incrementadas sus reservaciones en los
primeros meses de este año en más de un 12 por ciento.
Más de 250 barcos de crucero surcan hoy día los siete mares. Y la flota sigue en aumento rápidamente. El año pasado se fletaron 12 nuevos barcos, entre ellos el Queen Mary 2 (QM2), de la compañía naviera británica Cunard, el mayor buque de crucero del mundo, con 151,000 toneladas; esta temporada se hacen a la mar otras cinco naves de nueva generación, y para 2006 está prevista la botadura de otros dos gigantes del mar, el Queen Victoria, también de Cunard, y el Freedom of the Seas, de Royal Caribbean, de 90,000 y 158,000 toneladas, respectivamente. Barcelona, con 730 escalas confirmadas en 2005, un centenar más que el año pasado, se afianza como primer puerto europeo de cruceros. En 2004 contabilizó un total de 1,021,407 pasajeros (de los que más de la mitad escogieron la capital catalana como puerto de embarque o desembarque), y para este año se espera alcanzar 1.2 millones. Los días de mayor tráfico se juntan en sus instalaciones hasta nueve barcos de gran calado y 20,000 cruceristas. Otros puertos españoles, como Málaga, que ha diseñado 10 rutas turísticas para cruceristas, o Valencia, que aprovecha el tirón de la Copa de América 2007, de embarcaciones de vela, para promocionarse, también buscan atraer a sus muelles esta rentable modalidad de turismo. Europa gana protagonismo en el mercado mundial de cruceros, frente a otros destinos, como el Caribe, Alaska o los mares del Sur. Compañías como Carnival (la mayor del mundo, con 77 cruceros en servicio y capacidad para 128,000 pasajeros), Cunard o Celebrity Cruises incorporan esta temporada nuevos barcos y rutas por el continente. Aunque el Caribe concentra casi la mitad del turismo mundial de cruceros, es el mercado del Mediterráneo el que encabeza las preferencias en Europa, gracias a la abundancia de ofertas, a la riqueza artística y monumental de sus escalas y a la cercanía de los puertos de embarque. Es también el que registra el crecimiento más espectacular, un 12.8 por ciento, frente al 8 por ciento del mercado caribeño. A efectos de navegación, las compañías navieras reparten sus rutas en tres grandes zonas: la que se extiende entre el mar Adriático y Gibraltar, con Barcelona, Venecia, Nápoles, Civitavecchia (Roma), Génova, Mónaco, Niza y Cannes como principales escalas; el Mediterráneo oriental, con travesías articuladas en torno a los puertos del Pireo (Atenas) y Estambul, e islas como Rodas, Creta, Santorini y Mikonos; por último, las rutas por el sur del Mediterráneo, que tocan las costas de Marruecos, Túnez, Alejandría y Egipto, y en algunos casos se extienden también por el Atlántico hasta Canarias y Madeira. Carnival, por ejemplo, ofrece por primera vez este verano (entre el 20 de julio y el 12 de octubre, y a través de agencias de viaje) travesías por el Mediterráneo occidental a bordo de su último buque, el Carnival Liberty, que con sus 110,000 toneladas de desplazamiento será el mayor barco de la compañía en operar en Europa. En total, ocho salidas de 12 días de duración, con embarque y desembarque en Civitavecchia (Roma) y escalas en Nápoles, Dubrovnik, Venecia (dos días), Sicilia, Barcelona, Cannes y Livorno. El nuevo buque Sinfonía, de 58,625 toneladas y capacidad para 1,566 pasajeros, abre la temporada de MSC Cruceros por el Mediterráneo. Otros dos buques de esta compañía, el MSC Lírica y el MSC Melody, ofrecen itinerarios por el sur y el oeste del Mediterráneo con salidas desde Barcelona, Ibiza y Palma de Mallorca. La naviera Celebrity Cruises destinará un cuarto barco a Europa el próximo año debido al fuerte incremento de la demanda. El barco de lujo Century, de 1,750 pasajeros, que realizaba cruceros por el Caribe, se unirá al Constellation, el Galaxy y el Millennium en el mayor programa europeo ofrecido por esta compañía. El 20 de agosto zarpará del puerto de Amsterdam hacia Barcelona en una travesía de 13 noches y escala en París (Le Havre), Vigo, Lisboa, Cádiz, Málaga, Roma (Civitavecchia), Livorno y Niza-Montecarlo. El norte de Europa y el Báltico son también importantes zonas estratégicas para el sector de cruceros, con una temporada alta que se extiende entre abril y agosto. En el polo opuesto, Patagonia y la Antártida tienen su mejor época durante el otoño y el invierno en el hemisferio Norte. Latitud 4 (www.latitud4.com y en agencias) propone un crucero de siete noches por Amsterdam y los fiordos noruegos en el Century, de Celebrity Cruises. La temporada alta de los cruceros por el Mediterráneo es la que va de marzo o abril, en función de cuándo cae la Semana Santa, hasta octubre (aunque el mare nostrum también mantiene su reclamo en los meses más fríos bajando los precios). Es entonces cuando los grandes buques de crucero se trasladan desde sus puertos de invierno en el Caribe hasta Europa, lo que ofrece la posibilidad de embarcarse en una travesía transatlántica a precios que resultan especialmente bajos. Por ejemplo, la mayorista Un Mundo de Cruceros ofrece un viaje entre Nueva York y Londres en el transatlántico Golden Princess, y un crucero de 15 días entre Miami y Londres, en el Star Princess a precios muy atractivos.
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Hace apenas ocho días, los 2.300 pasajeros del Costa Atlántica, un mastodonte que mide 292 metros de eslora y pesa 85.700 toneladas, se levantaron en sus camarotes con esa imagen. El viaje había empezado tres días antes en Savona (Italia), rumbo a Copenhague, planteado como un recorrido por el norte de Europa. El viaje completo, porque Costa Cruceros –la compañía propietaria del buque– también ofertó a un grupo de unos 200 españoles la posibilidad de realizar el trayecto comprendido entre Málaga y Vigo, con escala en Cádiz y Lisboa a lo largo de cuatro jornadas. El precio a la hora de realizar un crucero varía en función de factores como la época del año, los días que dure el viaje y el destino. Para que se hagan una idea, una travesía alrededor de Grecia y sus islas durante ocho días, desde España (con avión y el alojamiento una noche en tierra incluidos), puede rondar los 1.000 euros si encuentra alguna oferta de descuento (1.500 si no) en junio. A este desembolso inicial, que a los pasajeros –recién casados y parejas de avanzada edad, predominantemente– les suele resultar relativamente económico, se añaden los gastos personales que se realizan en las escalas. Los establecimientos más beneficiados son, normalmente, bares y restaurantes, así como las tiendas de souvenires. Volviendo al presente mes de mayo y al Costa Atlántica, la ruta para los españoles comenzaba en Málaga, municipio con un extenso puerto. Además, ahora ha realizado obras de ampliación que incorporan un dique especial, el de Levante, más grande, para cruceros y transatlánticos. Desde la entrada al recinto hasta llegar a él, el trayecto se prolonga durante unos dos kilómetros. El muelle de Levante esconde los buques a los ojos de quienes llegan por el oeste, lo que implica que, si el barco tiene las dimensiones del Costa Atlántica, el hallazgo sea todavía más sorprendente. Se tiende a echar mano de los tópicos. Entre los más repetidos por los que han viajado a bordo, los del Titanic y la serie Vacaciones en el mar. Pero si había comparaciones especialmente polémicas, eran las relativas a la decoración del interior del buque, que se calificó desde estilo "Las Vegas" hasta de lujo asiático. Choca, en cualquier caso, que una nave tan blanca y lineal por fuera pueda resultar tan recargada y colorida por dentro, con sus consiguientes detractores y adeptos. Uwe Neubert, alemán y veterano en esto de los cruceros, la calificó de excesiva. Eso sí. "Parece que a la gente le gusta". Tanto a la inmensa mayoría de viajeros –encantados con el despliegue de cristales fosforescentes junto a copias de cuadros barrocos– como a los 920 empleados, de hecho. Del perfil de la tripulación llama la atención su multiculturalidad. Hindúes, filipinos, italianos, suramericanos, europeos de las antiguas repúblicas soviéticas. Enseguida se comprueba que son muy profesionales, les apasiona trabajar para el Costa Atlántica y tienen experiencia con los barcos. La variedad étnica responde a la esencia misma del mar, un territorio en el que la globalización existe desde siempre y en el que, al igual que en otras áreas de producción, los países del Este cobran cada vez mayor protagonismo. Hasta el punto de que Costa Cruceros cuenta con una escuela de formación para su personal en Indonesia. Desplazarse sobre el agua a lomos de un transatlántico es una experiencia llena de matices. Resulta difícil olvidar que uno se está moviendo. Aunque las aguas estén de lo más tranquilo. Como suelen estarlo en esta época del año en el litoral andaluz. Sientes que están ahí, bajo tus pies. Por no hablar del pequeño reto que implica recorrerse las cubiertas cuando el viento o la lluvia, tradicionales en las costas gallegas y el norte de Portugal, agitan la nave y ponen a prueba el equilibrio de las personas. La noche antes de que el Costa Atlántica arribase en Vigo, el 16 de mayo, tan sólo un tercio de los pasajeros tuvo ánimos de enfrentarse a la cena en los restaurantes del barco. En cuanto al modo en que funcionan este tipo de viajes como modo de recorrer mundo, uno de sus aspectos más positivos es que permite recorrer lugares diversos en un plazo corto de tiempo. La cruz es que, según las expectativas que se lleven, puede resultar un poco frustrante disponer únicamente de unas ocho horas para recorrer sitios tan llenos de historia como Lisboa. Una de las claves, practicadas por viajeros como Angels Mas o el matrimonio Neubert, es seleccionar las escalas que resulten más atractivas para visitarlas, y descansar en otras que interesen menos. En cualquier caso, se trata de una vivencia con momentos únicos. Abandonar un puerto al ruido de sirenas e ir viendo cómo se aleja una ciudad, contemplar de noche las luces de los pueblos del Estrecho, ver la espuma que deja el buque a varios metros debajo tuya. O despertarte viendo la estampa de una ciudad que, incluso conociéndola de toda la vida, ves tan diferente al interponerse en medio el mar. <<>> |
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